De la quimiofobia a la naturofobia en alimentación

Recientemente, ha circulado mucho en redes sociales un experimento realizado por un joven holandés que deja el azúcar, el alcohol y los “aditivos” durante un mes, vídeo al que ya le sacamos la chicha nutricional Julio Basulto en La Vanguardia, y Lucía Martínez junto a servidor en El Comidista de Mikel Iturriaga. Tema también tratado en un programa de Esto me Suena.

Hay una cosa que tiene este vídeo que me pareció realmente interesante para analizar: mezcla demasiadas cosas. ¿Y eso es lo interesante? Sí, sin duda. Porque las personas hacemos lo mismo.

Tras visionarlo me imaginé en ese mismo momento a gente que rápidamente identificaría como un error el enfoque del estudio “mira, cree que los números E son malos, pobrecillo, si son útiles y necesarios” a la vez que se las podría dar de entendido pensando “qué síndrome de abstinencia tan exacerbado, eso no lo puede producir un alimento”. ¿Seguro que no?

En otro sofá, una persona de razonamiento especular al supuesto, podría pensar “qué bien, se va a quitar los números E, gran decisión”, mientras que muy probablemente empatizaría con él en su sintomatología y diría “normal que nos sintamos así, con todas las porquerías que nos meten”.

Quimifobia

Ilustración: Isabel Toledo

En ese momento, un quimiofóbico y un naturofóbico aunque no lo saben, se dan la mano y coinciden en una sola cosa: ignorar los cimiento de por qué el otro piensa lo contrario.

¿Azúcar, alcohol y números E?

Azúcar y alcohol son calorías vacías, es decir nos aportan energía pero ningún nutriente, y se asocian con numerosas enfermedades y patologías. (Cáncer, cardiovasculares, obesidad, diabetes…). Ya no solo porque empeoran la dieta, sino por lo efectos fisiológicos que el azúcar y el alcohol provocan en nuestro organismo. No solo de calorías va la cosa.

Esto hace por tanto, que la recomendación de reducir alcohol y azúcar es una pauta común, en cualquier dieta que pretenda ser saludable.

Pero el tema de los aditivos, números E, en el vídeo puede ser controvertido, y lo es.

Controversia con los números E

Es buena idea fomentar la alimentación basada en materias primas, pero se generaliza demasiado, cuando se dice “aditivos” mezclamos en exceso diferentes cosas.

El documental indirectamente puede hacernos pensar que los aditivos nos pueden engordar. Los aditivos, hablando desde el punto de vista estrictamente toxicológico, son seguros conforme al uso evaluado.

Legislación Edulcorantes

Como más de una campaña que muchas veces hemos abrazado numerosos divulgadores científicos, muchos de los aditivos que se usan en alimentación, están presentes en la naturaleza:

Aditivos manzana

Como podemos observar todo es química, por lo que la argumentación quimiofóbica de “esto lleva químicos” es una frase construida sin sentido.

Ejemplos muy típicos son los casos de la vitamina C (ácido ascórbico, que es el E-300). El ácido cítrico, presente de manera natural en muchas frutas y verduras es el E-330, o incluso colorantes alimentarios como la cochinilla, obtenidos a partir de insectos.

Pero ni todos los aditivos están presentes en la naturaleza, ni todos los aditivos tienen el mismo nivel de inocuidad.

De la seguridad a la inocuidad

Tan importante es transmitir que un aditivo es seguro, como aclarar que un abuso de él no tiene por qué presentar inocuidad (inocuidad entendida como “incapacidad para hacer algo”).

Parece una contradicción en sí misma, pero no lo es.

¿Cómo puede algo que es seguro hacerme daño si me paso con él?

Muy fácil, haciendo un mal uso, malinterpretando el mensaje, o asumiendo que esa seguridad es sinónimo de libre consumo. Aunque por sí mismo muchos aditivos sean seguros, hay aditivos que nos crean y fomentan una sensación irreal de lo que es la experiencia de la alimentación.

Quimiofobia

Humor gráfico de la disonancia Quimiofóbica, muestra cómo la gente asocia lo NO ecológico como dañino. Mezclando además conceptos como el precio o el modelo de producción y distribución.

Un ejemplo, los edulcorantes:

Que los edulcorante sean seguros puede ser malinterpretado, y que la gente haga un abuso de bebidas gaseosas sin azúcar, o incluso de productos con polioles que pueden producir trastornos en la microbiota.

Es cierto que ocurre a dosis muy altas, y que en este caso concreto deberían haberse tratado dosis equivalentes para producir el mismo sabor, pero no hay que obviar que las alteraciones de la microbiota, también parciales, están siendo cada vez más relacionadas con nuestra salud en general.

Sacarina Nature

Fuente: Nature Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota

Los edulcorantes o los potenciadores del sabor nos acostumbran a umbrales de sabor muy altos. Luego es complicado volver a tomar los sabores convencionales. Esto no es conveniente si yo estoy intentando que tengas adherencia a una dieta poco dulce.

Sustituir el azúcar por edulcorantes, puede ser una herramienta puntual en la pérdida de peso, pero no debe transmitirse como una norma a seguir para todo el mundo.

Si siempre sustituimos el azúcar por edulcorantes, el estímulo no cesa, y no dejamos en ningún caso la costumbre del sabor dulce.

Otro ejemplo: Los nitratos y nitritos.

Cumplen una función muy útil en los alimentos, combaten el crecimiento de diferentes agentes patógenos, y de manera muy efectiva. No obstante en mayores concentraciones, con una mala técnica culinaria como son las altas temperaturas y en presencia de aminas, puede desencadenar a la formación de nitrosaminas, compuesto tóxico y cancerígeno para nuestro organismo.

Es decir, seguridad por un uso lógico de la mayoría de los aditivos, no excluye malas prácticas asociadas a algunos. Aquí es dónde entra nuestro papel al comunicar.

No todos los aditivos son igual de inocuos o seguros.

Lo que se interpreta del número-E

Frases como “debemos consumir alimentos sin etiquetado”, “es mejor que no lleve envasado”, “si ves ingredientes que no sabes lo que son no lo compres” o “no compres nada que no compraría tu abuela”. Son recomendaciones con toda la mejor intención del mundo, pero que pueden dar lugar a malentendidos.

Fuente: NichoNatural

Fuente: NichoNatural

Hay que dejar muy claro que la alimentación debe estar basada en materias primas, y cuantas más de origen vegetal y frescas mejor. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero eso no convierte a la fuerza los alimentos que no cumplen estas recomendaciones en productos no recomendables.

Sinceramente, no encuentro problema en comprar legumbres en bote con EDTA (un antioxidante alimentario), yogures naturales envasados, nuevos alimentos que mi abuela no conocería como la soja y nuevos alimentos de otras culturas, o incluso algunas alternativas de 4ª gama para un uso esporádico y cómodo en emergencias.

La sincera bofetada que pretendemos atestar a los productos ultraprocesados tiene unos motivos sencillos: las materias primas de bajo interés nutricional.

Féculas, azúcar, jarabe de glucosa-fructosa, almidones, exceso de sal, grasas hidrogenadas, grasas vegetales poco interesantes… son estos elementos los culpables de esta recomendación, identifiquémoslo.

Matizémosla, porque puede ser que la gente interprete si no, que “la industria intenta envenenarnos” o “mejor evitarlo porque le echan un montón de números E”. Mismo rechazo que por ejemplo pueden causar los alimentos transgénicos.

Arroz dorado y convencional: Fuente CropLife Australia ‏@CropLifeOZ

Arroz dorado y convencional: Fuente CropLife Australia ‏@CropLifeOZ

Cuestión de probabilidad, “si lleva E posiblemente será ultraprocesado”.

También me podréis decir. “También habrá que matizar qué materia prima es o no recomendable, no todas lo son“. Cierto. Aquí entra en juego lo probable que es que tu recomendación sea malinterpretada.

Al igual que “hay que consumir más fruta”, da más pie a que la gente acabe en un zumo que “hay que consumir más fruta fresca”.

Otro ejemplo podría ser el decir “la miel es buena”, mucho más inespecífico que “intenta encontrar miel cruda” (haciendo el matiz en la dificultad de hacerlo).

Atún natural

Atún La Piera “Solo natural”. Fuente: La Piara

Aterrizando en el tema del post, es mucho más específico “evita los alimentos ultraprocesados” que “evita los alimentos envasados”.

Al igual que la recomendación, “intenta tomar más alimentos frescos”, es más clara que “toma más alimentos naturales” (pudiendo acabar adquiriendo algo con una alegación engañosa).

Cuestión de matices, sí, pero matices que son usados para beneficio propio.

Aunque sea un acercamiento que intenta disuadir de consumir el ultraprocesado, mejor decirlo con pelos y señales, sin caer en lo poco específico que es “no compres productos envasados” o “con números E”.

¿Y al revés? “¿Si es ‘natural’ es poco científico?”

Cambio de tercio. Démosle la vuelta al asunto.

Y es que hemos escuchado decir tantas tonterías, atribuciones terapéuticas a la piña, a la alcachofa, a masticar hielo, a beber cualquier cosa que la gente “crítica” ha desarrollado por un sesgo costumbrista una especie de conclusión por probabilidad:

“Si dice usar un alimento sin más, una especia, o una técnica culinaria con un beneficio para la salud, muy probablemente será una magufada”.

Fotografía callejera de una declaración de salud en unos zapatos

Fotografía callejera de una declaración de salud en unos zapatos

Entendible, puede que por probabilidad sea muy común que se dé este caso. Pero al igual que no queríamos generalizaciones en un lado, tampoco las queremos en este otro supuesto, porque a los científicos nos joden mucho, y más en nuestro campo.

El problema es que la bandera de la quimiofobia, ha llegado a cierto punto en el que incluso defender técnicas o alimentos que están evidenciando su uso te hace parecer magufo, como puede ser el vinagre en la resistencia de insulina, enfriar las patatas para crear almidón resistente, mezclar alimentos para modular la respuesta insulínica, que una manzana sea más conveniente que una pastilla frente al colesterol o que a veces, las pastillas o las pruebas diagnósitcas pueden llegar incluso a ser contraproducentes depende qué caso.

De manera que mucha gente ha desarrollado una inconsciente naturafobia que hace que muestre rechazo de antemano a este tipo de pautas sin preocuparse si tienen un respaldo detrás. Eso no es un enfoque científico, es un enfoque de prejuicio.

¿Qué concluyo entonces? Que hay muchos alimentos “naturales” o materias primas que tienen una gran capacidad potencial de generar beneficios en la salud de las personas con ningún efecto secundario conocido.

No hablamos de productos milagro que intentan venderse a precios desorbitaos, ni de tratamiento que pretenden suplementar a la farmacología que sea necesaria.

Hablamos de alimentos, herramientas o incluso técnicas que son más saludables sin necesidad de inventar nada nuevo.

Entendería una reticencia y una prudencia considerable si estoy intentando venderte una especia como un producto milagro, o si la estoy encapsulando para vendértela como fármaco. ¿Pero qué hay de malo en recomendar a una persona que incluya en su dieta elementos, especias o alimentos potencialmente beneficiosos?

De nuevo la respuesta es clara. Según cómo transmitamos el mensaje. Si damos a entender que esa pauta nutricional sustituye otro tratamiento, flaco favor estaremos haciendo con nuestra ayuda extra.

Cuando el mensaje se transmite mal

Recientemente expuse en la lista de correo interno de Naukas, una cuestión referente a las recomendaciones anti-cáncer que muchas veces se han dado con la reciente explosión de la alimentación preventiva y de tratamiento del mismo:

El caso por ejemplo de Odile Fernández es ilustrativo, se ha aprovechado de la malinterpretación adrede de su libro, desde el título de Mis recetas anticáncer.  Un planteamiento comercial muy inteligente, no dice que “cura” el cáncer aunque sabemos que es lo que quiere dar a entender. Dentro de eso, sus recetas son en general apropiadas, saludables y siguen en general una pauta recomendable. Nada que achacarle desde el punto de vista de la PREVENCIÓN, pero para el tratamiento hacen falta otras cosas.

No caigamos en el error de criticar el mensaje siempre, en ocasiones hay que criticar el cómo o el para qué. En este caso, es posible que esas recetas fuesen parecidas a las que un dietista-nutricionista recomendara en la prevención del cáncer. Pero por supuesto, no incitando a esas malas interpretaciones que ha buscado de “milagro” o “curación”.

Al culpable, con nombre y apellidos

  • A los ultraprocesados por sus ingredientes y materias primas.
  • A los gurús por sus promesas,
  • A los aprovechados, por tergiversar el mensaje a sabiendas que no funciona.

Pero a cada uno que se le critique lo que corresponda, sin generalizar.

Defender todos los aditivos es tan estúpido como meterse con todo lo “natural”.

Defender todos los fármacos por el hecho de que tengan “estudios” detrás es negar que hay #MalaCiencia.

Al igual que usar como argumentaciones posicionamientos de organismos oficiales. Yo mismo, que tantas veces he usado avales y dictámenes de organismos como la EFSA, la AESAN o la OMS, critico a la vez los conflictos de interés de diferentes entidades de esta índole a la hora de concluir sus posiciones.

No puedo decir un día que la Asociación Española de Pediatría está vendida porque apoya las galletas de dinosaurios, pero otro día tomar uno de sus comunicados porque me conviene. Todo, con perspectiva. Ni todo es dogma, ni todo es mentira.

Lo que quiero decir con esto es que no es coherente “Esto es malo porque lo dice X, palabra de Dios” a la vez que señalo que todo el mundo está bajo el yugo de influencia de la industria alimentaria.

Abramos los ojos con perspectiva. Dejemos de generalizar y abordemos las temáticas

  • No todos los fármacos son útiles.
  • No todas las investigaciones están bien hechas.
  • Un paper en sí mismo no dice nada.
  • Hay más información útil entre lo que NO se publica que en lo que hay publicado.
  • No todo lo “natural” o materias primas son un engaño.

Tan mal está en defender lo indefendible alegando quimiofobia como naturofobia.

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Fuente Original Mi dieta cojea

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